2 de junio de 2010

Pura literatura

Hoy me han vuelto a dar una alegría al abrir la bandeja de correo electrónico. He recibido un e-mail de Maribel, hija de Salvadora y Pepe. Y en su correo me ha adjuntado tres textos que son pura literatura, como bien dice el título. 

Ella misma me ha explicado en que consisten estos textos, asi que os transmito sus palabras.

Te escribo para enviarte unos escritos que ha hecho mi hermano Manolo. Dos sobre el pueblo y otro dedicado a mis padres, que se puede hacer extensivo a todos los padres sobre todo de aquella época.

Os dejo con los textos. Manolo, espero que te guste ver estos textos aquí, formando parte de la historia del pueblo. Muchas gracias, Maribel, de corazón.


El lavadero de mi pueblo

Hace mucho tiempo (pero no tanto como la realidad de la historia que vamos  a contar podría dar a entender) en Villaestrigo, el Barrero, la laguna del Val y la laguna Brojo, el reguero, eran parte activa en la vida diaria del pueblo. En verano los domingos por la mañana, servían para el baño de los mozos. Los que no teníamos edad de mozo, copiamos la bicicleta, el bañador y nos íbamos a la laguna Brojo, porque cubría menos y así aprendíamos a nadar con las manos apoyadas por el suelo y los mayores no se metieran con nosotros. A diario servía de bebedero para caballerías, ovejas y además para lavar la ropa.

El lunes por la mañana empezaban a desfilar bicicletas, con cestas y el lavadero, atados en el porta bultos en dirección al Barrero, por las calles del pueblo ya se iban haciendo grupos, hasta llegar a las orillas y escoger el mejor sitio: un poco de corte, que no estuviese muy profundo y además el agua limpia y sin berraza: "Aquí, aquí!, que luego la tenderemos en la pradera". Poco a poco se llenaba la orilla, con sus lavaderos, la cesta de la ropa al lado y el jabón, que se hacia con sosa y restos de grasa, y las más pudientes ya usaban "Lagarto".

Allí empezaban los comentarios, los bautizos, las comuniones y hasta los casamientos, porque había aparecido por la mañana, un reguero de paja con la dirección que se perdía en la calle; arrodilladas frente al lavadero, refregando con el jabón la ropa, dándole vueltas, sacudiendo contra la tabla, metiendo en el agua para volver a golpear; todo esto con tanta práctica que a veces ni miraban, porque al mismo tiempo hablaban con la que estuviera al lado o tenia levantada la cabeza y la que hablaba era otra que estaba más lejos y no la veía.

Cuando pasaba por la parte de atrás una y avisaba que la ropa estaba muy seca y había que regar, se levantaba con un caldero y agua, pero antes de desplazarse estaban cinco minutos de pie y con el caldero en la mano, por no dejar la conversación a medias. Esto ocurría todos los días de la semana menos el domingo, porque la ropa que se lavaba el sábado había que ponérsela el lunes; el plazo para preparar la ropa del domingo era más largo, hasta otro domingo.

A mediodía o por las tardes, había que ayudar a las madres a recoger la ropa y llevarla a casa, no sin antes haberla dejado a cargo de alguna vecina, que había llegado más tarde a lavar. Algunas veces, si la colada era más pequeña, se llevaba a la finca, en bicicleta y allí, en la regadera, mientras llegaban los surcos, se lavaba para luego tenderla en el rastrojo.

Con esta pequeña historia quiero hacer un homenaje a la mujer rural de aquellos tiempos, que tantas horas de trabajo y tanto sacrificio tenían que hacer para sacar la familia adelante.

Historia de una fragua

Entrando por Carroperruelos, calle Real nº 12, si accedemos a Villaestrigo por otro punto cualquiera, ¿Dónde está la fragua? Saliendo por Carroperuelos enfrente de la Laguna El Val.

En dicha fragua se construya de todo: rejas, arados, gradas, sembradoras, carros, rastras, vancadas, para el pozo y toda clase de herramientas que a algunos labradores se les ocurría, ayudándoles a mejorar en lo posible el duro trabajo, que con tan pocos recursos tenían que realizar.

Con el derribo del edificio, se nos ha ido algo de nuestra historia, no por el edificio en si, pues fue uno de tantos, que el Sr. Eulogio construyó con tierra y agua, cesta a cesta, tapia a tapia, con sus codales y organillos hasta llegar a cubrir.

La historia comienza cuando en el edificio se empiezan a fraguar (nunca mejor dicho) aquellas reuniones y tertulias que con golpes de martillo, proyecciones que soltaban los hierros al rojo vivo, que iban a ser soldados para acoplar a los carros, al canto del yunque algún aviso con voz de alarma y urgencia: ¡cuidado que me quemo!

Las reuniones se cambiaban de sitio para dejar paso: seguían los comentarios: "La pareja de la Guardia Civil viene hacer la ronda", "El acalde no está en casa", comentaban; que si Franco venia a inaugurar un pantano, ponían autocares gratis para ir al evento a Santa Maria del Páramo, no hay novedades importantes.

El tío Anastasio cuando iba a dar un paseo comentaba: "Algún día esto que escuchamos en la radio lo veremos en nuestras casas", "algún día llegarán a la luna", "han estado aquí los de Laguna de Negrillos que van a hacer el estreno de las comedias."

El señor Florencio, que se quedaba de paso para ir a regar, comentaba: "Esta sequía que estamos sufriendo va a terminar con nuestras cosechas y los pozos se nos secan" de paso pregunta por la reforma en la rastra que mandó hacer.

El señor Juan Chamorro, vecino de fragua comenta: "Al maestro nuevo hay que buscarle una casa, dicen que es de La Bañeza, resulta que al maestro que estaba tuvieron que trasladarlo y viene a sustituirlo.”

Otros vecinos se unen a estas tertulias, unos iban a arreglar el arado, otra tenia prisa porque se le había roto el azadón. El dueño de la fragua, el señor Eusebio Martinez, cuando había un grupo, con la tertulia en pleno auge, tenía que salir al paso con un "por favor que os voy a quemar".

Yo, con nostalgia, de la mano de mi padre, recuerdo aquellas reuniones y el calor de la fragua como historia que se va.

Padre - Madre

Esto es un homenaje
A quien tanto lucho
Sin pedir nada a cambio
Y que lo sufrió.

Cuando a trabajar se va
Con alforjas y a sembrar
El almuerzo en el serón
Y si no hay novedad
Hasta ponerse el sol

El día pasa muy triste
Soledad y surco a surco
Pasa la tierra el arado
Dejándola mas rojiza.

Vuelve a casa paso a paso
Dejando tres rejas rotas
Cuatro puntas ya gastadas
Y diez emanas aradas.

Cuando entra por la puerta
La madre con la mirada triste
Le da las buenas nuevas
A preparar el ganado para
Estar listo mañana.

Al retirar las alforjas
Yo en el serón rebusco
Siempre viene el pan de liebre
Que tanta vitamina tiene.

No porque sobrara pan
Pero con la seguridad
Que yo lo iba a encontrar.

Un abrazo fuerte
Para estos padres queridos
Que Dios los bendiga
Y a todos larga vida.

2 comentarios:

Pekale dijo...

Que recuerdos tan entrañables y muy bien expresados por Manolo, que me costa tiene un gran cariño por su pueblo.

Sylvia Cristiano dijo...

Mucha razón. Yo no viví lo que cuenta de la fragua ni del lavadero... pero sin duda ha sido una bonita lección de historia :)

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